Carmen, David y Marcelo: Un relato sobre los sistemas
por Alberto Levy | 13 de Abril de 2009 | Disrupción
Veamos quienes son estos tres personajes de este relato antes de que les cuente cuál es el motivo que me motivó para escribirlo y compartirlo con ustedes.
Carmen es española, tiene cuarenta y dos años, está graduada como ingeniera industrial, tiene cinco hijos, tres mujeres y dos varones, tiene una profunda fe católica de la que es muy observante, además de su trabajo en el departamento de Gestión de Proyectos Estratégicos (GPE) de Pradera Dorada, la compañía dedicada a la producción y distribución de un amplio portafolio de productos alimenticios en muchos países del mundo. En sus tiempos libres Carmen da clases de catecismo en su comunidad y también tiene pasión por pertenecer al coro en el que hace ya varios años canta como una de las cinco sopranos.
David es argentino, tiene treinta años, también casado con dos hijos, es judío, fanático del tenis que practica desde muy chiquito, graduado de licenciado en administración en la Universidad de Buenos Aires y Master en Business Administration de la Universidad de Columbia, Nueva York, de donde hace apenas dos años que ha regresado con Deborah, su mujer, y sus dos hijos. David forma parte de un grupo de estudios sobre política económica liberal y también trabaja en el GPE de Pradera Dorada.
Marcelo tiene cincuenta años, es colombiano y vive en la Argentina desde hace cinco años, forma parte del GPE, es economista por la Universidad de la Sabana de Bogotá, soltero empedernido y ferviente admirador del género femenino. Marcelo es agnóstico y sus inclinaciones políticas hacen que se autodefina como un “progresista moderado”.
Los tres trabajan en el GPE, departamento que fue diseñado e implementado hace dos años justo cuando acababa de regresar David de Columbia y aprovechando su certificación como Project Management Professional por el Project Management Institute. David fue el motivador principal para que Carmen y Marcelo también se certificaran hace un año.
El GPE está físicamente localizado en Buenos Aires. Forma parte de la División de Planeamiento Corporativo, junto con el Departamento de Finanzas, el de Investigación, Innovación y Desarrollo y el de Recursos Humanos (llamado desde hace pocos meses CIGDI, Centro de Integración Grupal y Desarrollo Individual, ya que la compañía está muy orientada al Alineamiento Estratégico y a la Gestión del Conocimiento de su capital humano). A su vez, la División de Planeamiento Corporativo forma parte del Comité Directivo de la corporación, que reporta directamente al Chief Executive Officer (CEO)
Vamos a aprovechar estas pequeñas biografías y estas estructuras organizacionales para tratar varios temas.
El primero va a ser diferenciar entre una “serie”, un “grupo” (desde mi terminología organizacional), un “equipo” y un “vector”. Para ello, voy a basarme en conceptos de Psicología Social introducidos por Enrique Pichón-Riviere pero con algunas modificaciones (“El Proceso Grupal”, Nueva Visión, Buenos Aires, 1985).
Para llegar a su trabajo en pleno centro de Buenos Aires, Marcelo toma todas las mañanas un tren desde la Estación Olivos, que lo deja en la Estación Retiro y desde allí un bus que lo deja a pocos metros del edificio de la compañía en el que funciona el GPE. Cuando toma ese tren en Olivos, muchísimos de los pasajeros también van hacia Retiro. Todos estos pasajeros tienen un objetivo común: llegar a la Estación Retiro. Pero entre ellos no hay ninguna otra relación que la de llegar a Retiro. A este grupo de personas vamos a designarlo simplemente como una “serie”. Bajan todos en Retiro, ya que esta es una estación terminal, y varios de ellos toman el mismo bus que Marcelo, que los acerca a sus destinos cercanos a la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires (donde se encuentran, por ejemplo, la Catedral y la Casa de Gobierno). A este grupo de personas que toman ese bus también vamos a denominarlo una “serie”. En menos de una hora, Marcelo formó parte de dos series de humanos. Lo único que tenían en común cada una de estas series es que existía un objetivo compatido por sus integrantes. Pero nada más. Ni siquiera se conocían, salvo de verse algunos días si coincidían en los horarios.
Vamos a llamar “grupo” a un conjunto de humanos que, además de compartir un objetivo común, se reparten funciones entre ellos para que la complementación de esas funciones, o sea la Organización de lo que debe hacer cada uno, les permita alcanzar el objetivo común (atención que me alejé bastante del concepto de grupo de Pichón-Riviere). En el tren y en el bus eran meros pasajeros pasivos. En este caso cada uno tiene algo que hacer para llegar a destino.
Aquí vamos a respetar a Pichón-Riviere incorporando el concepto psicosocial de “Mutua Representación Interna”. Este se refiere a las relaciones imaginadas de cada individuo, Carmen, David y Marcelo, con cada uno de los otros miembros del grupo. Por ejemplo, Marcelo, tiene una representación interna de Carmen y de David. Es el “grupo interno” que tiene Marcelo en su “arquitectura mental” y que abarca los vínculos internos que “percibe/siente/atribuye/asigna” con Carmen y con David y entre ellos. Esta es la “Mutua Representación Interna”, la “construcción subjetiva” de los vínculos internos que tiene cada uno con los otros dos y que va a influir fuertemente en los vínculos externos (que se van a manifestar en las conductas individuales y grupales). Esto es lo que Kurt Lewin denominó “dinámica grupal”.
Vamos a llamar “equipo” al conjunto de humanos,que además de ser un grupo con un objetivo común, Misión o Tarea, y de una Función individual y su organización de funciones grupal, comparten una Visión. La visión es cómo se imaginan cumpliendo la Misión grupal y cada Función en el futuro. Es el estado “deseado” en un horizonte de planeamiento determinado. Muchas empresas hablan y declaman sobre estos conceptos. Muy pocas realmente trabajan todos los días para que este estado deseado sea logrado.
Y aquí aparece el concepto de “vector”, conocido desde hace muchísimos años en la Física y en la Matemática, y que se refiere a esa fuerza impulsora directriz que acerca a un determinado punto deseado (objetivo/blanco) diferente del punto inicial. Aquí lo que quiero marcar enfáticamente es que una organización humana (que dentro de pocas líneas vamos a denominar “sistema”), puede tener muy seria y claramente determinada una Visión (en carteleras, afiches, credenciales, house-organs, intranet) pero no el “momentum” (según la Física), el empuje de querer llegar o llegar a esa Visión. Este es el concepto de Impulsión que distingue a una organización humana como “vector”. Carmen, David y Marcelo se convierten en vector cuando generan entre los tres la Impulsión de articular Función, Misión y Visión y llegar a ese puerto de destino común.
Los tres conceptos básicos de Función, Misión y Visión se entrelazan en el concepto de Impulsión, que los abarca y que, por lo tanto, es de mayor nivel (tipo lógico) que los otros tres.
Lo que debe liderar es la Impulsión del vector.
Ahora vamos a hablar de sistemas.
Volvamos a nuestros tres amigos, Carmen, David y Marcelo para analizarlos desde la “perspectiva orgánica” o desde la “perspectiva sistémica”. Estas no son científicamente verdaderos sinónimos, ya que en diferentes momentos diferentes autores las han distinguido entre sí, pero no es el propósito de este paper destacar ni menos discutir esta diferencia. La analogía orgánica y el concepto asociado de “totalidad” ha sido uno de los desarrollos más fructíferos de las últimas décadas. Ver a nuestros tres amigos como una totalidad en organicidad “holística”. Ver a nuestros tres amigos como un sistema. Si bien en todos los casos me estoy refiriendo al principio de “organicidad”, por razones de economía voy a hablar de la “perspectiva sistémica”.
Quizás todo comenzó por los principios lógicos de Hegel (Hegel, G.W.F. “The Philosophy of History”, New York, 1956 y, antes, “The Science of Logic”, New York, 1929). Los Hegelianos tuvieron una muy fuerte influencia durante el siglo XX en campos como la biología, la psicología, la sociología, las ciencias políticas, la antropología y la teoría administrativa (por algunos llamada en algún momento “Management Science”). La tesis central de la perspectiva sistémica es que una parte no puede ser comprendida aisladamente de la totalidad. Los psicólogos de la Gestalt aplican este concepto de “constelación” o “ensambladura”, o sea de totalidad, en áreas de estudio tales como la percepción, la conducta y el aprendizaje, señalando que en nuestra arquitectura mental estamos siempre enfrentando objetos o situaciones y no meros elementos agregados. Citando a Köhler (Köhler, Wolfgang Gestalt Psychology, New York, 1947) “Cuando los procesos espaciales visuales, auditivos, e intelectuales como tales revelan propiedades diferentes de las que podrían derivar de la suma de sus partes, éstos pueden ser vistos como unidades que ilustran aquello que queremos significar con la palabra ‘Gestalt’. En nuestro caso, Carmen no puede ser comprendida o entendida aisladamente del GPE. Que las partes de un todo orgánico o sistema están dinámicamente interrelacionadas o que son interdependientes, Carmen, David y Marcelo en el GPE. Esta tesis se basa en el principio Hegeliano de las relaciones internas.
Entender a una entidad compleja como el sistema compuesto por nuestros tres amigos conformando el GPE ha sido uno de los desafíos intelectuales de los últimos años en casi todas las disciplinas. El ejemplo histórico típico ha sido el del reloj. Podemos ver al reloj desde cualquier ángulo, de arriba o de abajo y por fin desarmarlo. Cuando lo tenemos desmantelado, estudiamos cada parte separadamente. Podemos ensamblar unas con otras pero hasta que no reconstruyamos al reloj completo y logremos que comiencen a funcionar todas las relaciones internas entre todas las partes, no vamos a conseguir saber qué hora es. Saber la hora es un “emergente sistémico”. Volar es un emergente sistémico de la ensambladura de todas las partes del avión y de la gente que lo opera. Que Carmen, David y Marcelo sean o no un vector es un emergente sistémico de la relación entre los tres.
Más tarde vamos a ver que esto también dependerá de las relaciones internas del GPE. Pero antes vimos que el GPE forma parte de la División de Planeamiento Corporativo, junto con el Departamento de Finanzas, el de Investigación, Innovación y Desarrollo y el de Recursos Humanos. Debemos entender el emergente sistémico entre estas partes. A su vez, la División de Planeamiento Corporativo forma parte del Comité Directivo de la corporación, que reporta directamente al Chief Executive Officer (CEO). Otra vez, todos estos son componentes de un sistema con cualidades orgánicas que pueden ser propulsoras o retardatarias en el logro de sus respectivos objetivos. Nuestro trabajo profesional consiste en entender estas interrelaciones y transacciones para hacer máxima la capacidad de que el sistema pueda lograr sus objetivos. Un enfoque analítico específico del desempeño de Carmen no me alcanza para describir el desempeño de las diferentes entidades sistémicas a las que nos hemos referido hablando de Pradera Dorada (y eso que no hemos visto a la compañía completa sino a una parte de su Alta Dirección).
En el ejemplo de un organismo vivo, desmembrar sus partes para analizarlas las transforma en meros “artefactos”. Un brazo fuera de ese cuerpo humano ya no es un brazo humano sino simplemente un artefacto, una “cosa”.
Vamos a enumerar las cinco ideas básicas de organicidad de esta perspectiva sistémica:
1. El enfoque analítico (reduccionista) no alcanza (no dije “no sirve”) para entender adecuadamente las totalidades, por ejemplo los organismos biológicos o las sociedades o “la realidad” como un todo.
2. El todo es más (es diferente) a la suma (al conjunto, a la conjunción) de sus partes.
3. El todo define la naturaleza de sus partes.
4. Las partes no pueden ser entendidas, comprendidas, aisladas del total.
5. Las partes son dinámicamente interdependientes o interrelacionadas.
Volvamos a nuestros tres personajes. Primero digamos que la relación entre Carmen, David y Marcelo sólo es posible en el marco del todo que los interliga, el GPE. Segundo, cada uno de los tres es “afectado” por las relaciones en las que participa. Carmen sería “diferente” si no estuviera interrelacionada con David y con Marcelo y lo mismo le pasaría a cada uno de estos dos. Tercero, Carmen, David y Marcelo definen las cualidades del todo y el todo define las cualidades de Carmen, de David y de Marcelo. Esto implica que para que el GPE sea “diferente”, Carmen, David y Marcelo deben ser diferentes (no otras tres personas con otros nombres y apellidos sino ellos mismos).
Bradley (Bradley, F.H. “Appearance and Reality”, Oxford University Press, 1962) señaló que cuando Carmen (una entidad, una parte de un sistema) entra en relación con David o con Marcelo, gana una nueva propiedad o característica “p” como resultado de esa relación. Y agrega que sin esa relación, sin p, Carmen sería diferente o no-Carmen. Toda relación entre Carmen (una parte) y cualquier “otro” necesariamente determina una característica o propiedad de Carmen sin la cual Carmen no sería Carmen. Esta es la clave de la teoría de las relaciones internas: las partes necesariamente cambian en función de las relaciones en las que entran.
Aquí me gustaría comentar que una persona “es” en relación con “otro”. Esta propiedad no depende de esta persona ya que si no quiere tener relación con ese otro, tiene la relación de que no quiere tener la relación.
Pero algunos piensan que Bradley exagera ya que no todas las características son “definitorias” ya que su presencia o ausencia pueden no influir en la “identidad” de Carmen. Le ruego que vuelva al inicio de nuestra historia y relea cómo presenté a cada uno de los tres personajes individualmente y que piense que estas propiedades individuales de cada uno de los tres pueden en mayor o menor medida influir en cómo es la relación de cada uno de ellos con los dos restantes. Me gustaría comentar que esto puede ser en el hoy, una característica o propiedad puede no ser definitoria de la identidad de Carmen, pero esto puede cambiar mañana.
La crítica a Bradley sigue con el argumento de que para conocer a Carmen, en el sentido de conocer las características definitorias de Carmen, debemos conocer todas las relaciones establecidas por Carmen ya que todas ellas determinan un aspecto definitorio, pero como Carmen está relacionada con todo lo restante del todo, (el grupo, equipo o vector GPE), este todo debe ser conocido completamente (en su totalidad) ANTES de que Carmen pueda ser conocida. Aquí Phillips (Phillips, D.C., “Holistic Thought in Social Science”, Stanford University Press, Stanford, 1976) señala el comentario de Bertrand Russell (leer el post anterior: Cambio y Persistencia: El Proceso Decisional de la Impulsión ) en su crítica a Hegel para quien el todo es el universo, “Si todo el conocimiento fuera conocimiento del universo como un todo, no habría conocimiento”. Más adelante me voy a referir a los intentos por escapar de esta paradoja y poder seguir empleando los principios sistémicos que nos suenan tan lógicos para entender a los sistemas, especialmente a los Sistemas Sociotécnicos Complejos.
Pero siempre hemos escuchado y leído (y comprobado) eso de que “el todo es más que la suma de sus partes”. ¿Cómo explicamos este principio hablando de Carmen, de David y de Marcelo? Digamos que cuando Carmen, David y Marcelo se interrelacionaron, surgieron nuevas características que llamaremos X, Y y Z que no existían cuando nuestros tres amigos no estaban interrelacionados, por lo tanto, el total de características (ver la descripción de cada personaje en el inicio de este paper) no era el mismo ya que no incluían a las características relacionales X, Y y Z, por lo tanto el total no puede ser descrito como el mero agrupamiento de nuestros tres amigos. Otra vez, el conocimiento del total no puede ser logrado por el conocimiento de sus partes. El ejemplo tradicional es el del agua. Todos sabemos que una molécula de agua está formada por dos partes de hidrógeno y una de oxígeno. Si el átomo de hidrógeno o el átomo de oxígeno fuera analizado aisladamente para definir sus propiedades, no aparecerían las características de incoloro, ni de inodoro ni de insípido del todo que llamamos agua. Estas son propiedades emergentes de la interrelación.
Carmen, David y Marcelo, como miembros del todo GPE están interrelacionados y, por lo tanto, la “naturaleza” de David y de Marcelo en parte está determinada por su interrelación con Carmen. Por lo tanto, cualquier cambio en Carmen va a cambiar a David y a Marcelo y el mismísimo GPE también va a cambiar. Esta tesis de un pensamiento sistémico “purista” es llamada “Interrelación Dinámica” del sistema que nos puede en algunos casos parecer exagerada pero que debemos de tener la responsabilidad de SIEMPRE tener en cuenta. Esta es la base de la Teoría del Cambio y la Persistencia que presenté en mi nota anterior y también es imprescindible tener en cuenta cuando hablamos de Innovación.
Aquí podemos introducir un concepto organizacional que puede resultar interesante en función de lo que venimos mostrando. Se trata del concepto del “blending” o “convergencia” de las partes y que es la base del Alineamiento Organizacional. Esta noción de blending nos indicaría que la evolución de un sistema implicaría una disminución de la influencia de las características individuales de cada miembro (su “verticalidad” en términos de la Psicología Social), su “valencia”, para propender hacia una identidad más parecida (“horizontalidad” grupal) que es la base del Alineamiento. Aquí corresponde una aclaración de un tema que siempre destaco.
Vamos (por convención entre nosotros) a diferenciar “consenso” de “cohesión”. Vamos a definir consenso como el estado grupal en el que Carmen, David y Marcelo piensan igual. Piensan “lo mismo”. Pero yo aclaro: si todo el mundo piensa igual quiere decir que nadie está pensando. Cohesión será para nosotros el estado en el que Carmen, David y Marcelo no necesariamente piensan “lo mismo”, cada uno tiene su propia construcción subjetiva sobre el tema en su arquitectura mental, pero cada uno de los tres RESPETA la divergencia y, a pesar de ella, inclusive a pesar de todas las discusiones que entre los tres se puedan dar, el grupo sigue siendo un verdadero vector.
Pero entrando en la consideración de la dinámica de los sistemas, debemos aclarar que esa dinámica no puede ser entendida como la evolución del sistema aislado de su entorno (por ejemplo el GPE aislado de la Dirección de Planeamiento Corporativo, que es el entorno que contiene al GPE y, a su vez, ésta de la Alta Dirección, y ésta del resto de la empresa, y ésta del resto del cluster de empresas que intervienen en la Industria de Productos Alimenticios y así hasta llegar a todas las galaxias del Universo y después no sabemos qué es “el afuera” que lo contiene. Tenemos que referirnos a este tema porque si no lo hacemos, la perspectiva sistémica no es operable en la práctica.
Aquí Phillips cita a Weiss (Weiss, Paul, “1+1 ≠ 2” –One Plus One Does Not Equal Two- en G.C. Quarton, T.Malnechuk y F.O. Schmitt, “The Neurosciences: A Study Program”, New York, 1967). Weiss propone que:
1. Cuando nuestro cerebro escanea características del universo, vamos cambiando el rango y el foco hacia atrás y hacia delante entre una visión telescópica y una visión microscópica.
2. Al movernos hacia abajo en esta escala, vamos ganando precisión pero perdiendo perspectiva.
3. Al movernos hacia arriba, empiezan a aparecer nuevas y relevantes características que antes no reconoceríamos ni esperaríamos.
4. Que este nuevo emergente tiene que ver con muestras macro de la naturaleza que reflejan propiedades de los colectivos –de grupos, ensambladuras, sistemas y poblaciones, compuestas por muestras micro.
5. Que los términos adicionales requeridos para caracterizar estos colectivos deben provenir de un procedimiento científico riguroso y no de translocuciones antropomórficas ni alusiones alegóricas a la mitología.
Weiss nos está diciendo que cuando descomponemos un sistema estamos perdiendo de vista las interrelaciones que existían entre las partes cuando estaban unidas y que, por lo tanto, lo que perdemos en este proceso es contenido informacional. Como vimos, del mero conocimiento de las partes individuales, cuando no conocemos el todo, no nos permite percibir las propiedades emergentes.
Por otra parte, Dewey (Dewey, J y Arthur Bentley “Interaction and Transaction” Journal of Philosophy, XLIII, 1946) al referirse a la relación entre el sistema y su entorno, introduce el concepto de “transacción” para referirse al vínculo entre el organismo y su medio, entre el “conocedor” y el mundo que lo rodea. El hombre es un organismo producido en el curso de la evolución y todos sus comportamientos no son exclusivamente de él mismo sino “procesos de la situación completa organismo-medio”.
Dewey y Bentley diferencian entre interacción y transacción. Lo ejemplifican con el juego del billar y con un préstamo bancario. En el caso del juego del billar, la posición de las bolas en el tablero pueden ser estudiadas interaccionalmente. Pero, para comprender el juego, debemos hacer un análisis transaccional. En el caso del préstamo bancario ni siquiera hay palabras que puedan explicar la perspectiva interaccional ya que no hay partes primarias separadas. El que solicita un crédito no puede solicitar sin existir un prestador que preste y ningún prestador puede prestar sin un solicitante que solicite, por lo cual la transacción sólo es identificable en el plano de las transacciones del sistema comercial completo en el que tiene lugar este evento.
Un marido hace y está hecho por su esposa, a través del matrimonio, todo es autocreado a través de su opuesto. Siguiendo a Phillips, por supuesto un hombre no puede ser estudiado directamente en su rol como esposo aisladamente de su esposa, pero, aunque aislado de ella, él siendo el mismo hombre, su identidad personal no depende exclusivamente de esa característica conyugal. El GPE puede seguir siendo el GPE o la empresa la empresa, aunque alguna de sus características cambie. Algunas características son sólo secundarias o no determinantes.
Entonces llegó el momento de que les cuente lo que yo llamo el “Efecto Margarita”. Para ello, aquí voy a copiar el párrafo en el que describí a Carmen, para que les quede cómodo y no tengan que volver atrás.
Carmen es española, tiene cuarenta y dos años, está graduada como ingeniera industrial, tiene cinco hijos, tres mujeres y dos varones, tiene una profunda fe católica de la que es muy observante, además de su trabajo en el departamento de Gestión de Proyectos Estratégicos (GPE) de Pradera Dorada, la compañía alimenticia dedicada a la producción y distribución de un amplio portafolio de productos alimenticios en muchos países del mundo. En sus tiempos libres Carmen da clases de catecismo en su comunidad y también tiene pasión por pertenecer al coro en el que hace ya varios años canta como una de las cinco sopranos.
Carmen (pero también David y también Marcelo y también Ud. y yo) podemos considerar que somos el núcleo de una margarita. Cada pétalo de esa margarita es un sistema del que formamos parte. Carmen es parte del pétalo “españolidad”, es parte del pétalo de la gente de aproximadamente 40 años, del pétalo de los graduados, del pétalo de los ingenieros industriales, del pétalo de la gente que tiene cinco hijos, del pétalo de los católicos observantes, del pétalo de las clases de catecismo, del pétalo del coro y del pétalo “departamento de Gestión de Proyectos Estratégicos” de Pradera Dorada. Carmen pertenece a cada uno de estos sistemas.
Mi tesis es que, resulta altamente probable que, en cada uno de esos pétalos o sistemas haya por lo menos un “otro significativo”, que funciona como referente importante para Carmen. Que la influye y, por lo tanto, que la cambia en relación a la Carmen que existiría si ese otro u otros no existieran. ¿Qué acaba de suceder?, La respuesta es que se formó un sistema mayor de influencias que impactan en la identidad de Carmen. Carmen (y Ud. y yo) es un emergente sistémico de todos los sistemas en los que participa.
Aquí no me quiero extender sobre un punto clave del efecto Margarita pero si lo quiero mencionar. Se trata de cuando hay conflicto entre dos o más “otros significativos” que impactan en Carmen, aunque estos otros ni se conozcan entre ellos (ya que forman parte de un grupo interno que habita en la arquitectura mental de Carmen). La clave consiste en darnos cuenta que el mapa mental, la “visión del mundo” de Carmen, es un emergente de esta ensambladura que puede tener conflictos internos.
Volviendo a Phillips, podemos describir y testear con bastante aproximación cada uno de los atributos individuales de Carmen, pero mi grito de alerta es que debemos recordar que hemos “recortado” el sistema de influencias. Cuando estudiamos el GPE como tal, (o el grupo o vector de nuestros tres amigos) estamos haciendo lo mismo. Es decir, estamos definiendo un “borde” o “membrana” considerando que podemos estudiar lo que queda adentro, pero debemos recordar que, al hacerlo, hemos dejado en piloto automático lo que queda afuera.
Stafford Beer (“Below the the Twilight Arch: A Mythology of Sistems” en Eckman, D P. , “Systems: Research and Desing”, New York, 1961) señala que “el problema científico crucial en la investigación de sistemas es precisamente este: Cómo separar individuamente un sistema viable para estudiarlo del resto del Universo sin cometer una división aniquiladora…Este problema es de una urgencia desesperante en todo estudio no-trivial de los sistemas”. Pero para Phillips (como Ud. ve, el genio en demostrarnos la complejidad en lo que estamos hablando) para “recortar” un sistema relevante, quien lo estudia tiene que tener, previamente, los principios de selección que funcionen como criterios para definir qué significa “relevante”. Lo malo (gracias Phillips!) es que estos principios deben ser determinados por adelantado. Y, para colmo, esto sólo puede ser hecho sin usar el enfoque sistémico, ya que lo que se necesita es información que el científico requiere antes de definir al sistema como un sistema.
Ahora estamos en condiciones de introducir un punto clave para nuestro análisis. Este es el concepto de “holón” (introducido por Arthur Koestler and J.R Smythies, “Beyond Reductionism: The Alpabach Symposium” Londres, 1972) imprescindible para facilitar el estudio de sistemas jerárquicos. Koestler entiende por “holón” a un elemento que, visto “desde abajo”, es un todo autocontenido, pero que, “visto desde arriba” de la jerarquía, es una parte dependiente de un sistema mayor. Koestler enfatiza que no existen en ningún lado, ni “partes” ni “todos” en el sentido absoluto, ni en los sistemas vivientes, ni en los sistemas sociales. “Lo que encontramos son estructuras intermedias en una serie de niveles, en un orden de complejidad ascendente: sub-todos que despliegan, de acuerdo a como uno los mire, algunas de las características atribuidas comúnmente a los todos y algunas características comúnmente atribuidas a las partes”. De esta forma Koestler intenta reconciliar el enfoque sistémico con el enfoque analítico.
Como Ud. sabe, este blog está centralizado en un modelo básico, el modelo PENTA que diseñé en 1986, y que fue evolucionando en todos estos años tanto por nuevas elaboraciones conceptuales como por el resultado de nuestra práctica en organizaciones de carne y hueso. PENTA es un modelo que se sustenta en todo lo que he señalizado en este paper. Si bien está explicado en el blog y en mi último libro “ECP: Estrategia, Cognición y Poder”, aquí les muestro la última versión en la que cambia el concepto de “conversión” por el de “presión” y el de “impulsión” por el de “tracción”.



















Maria L. Díaz
13 de Abril de 2009 a las 22:01
Esta situación es lo que podemos encontrarnos muchas veces en las organizaciones en donde existe una serie de personas que tienen diferentes puntos de vista e intereses pero el objetivo de la organización es que pueda haber sinergia entre ellos, es decir lograr que la experiencia y conocimientos de cada uno de ellos se fusione y surgan ideas en pro del cumplimiento de los objetivos de la organización.